Silencio es lo que busco y pido sin descanso, sin dejar de ver tus ojos, tus discretos gemidos llenos de encías sangrantes, te pido que aun así me beses sin pecados. En mi mente se crea una nube negra, lineas que se cruzan de pensamiento a pensamiento, mientras tu tomas todas las decisiones de tu destino, todas las que me empujan al precipicio de tus labios y las laderas de tus piernas. Desde el nacimiento del musgo rojo, hasta la linea de la vida, cambia tus pensamientos y el humor que te activa. La marea roja ahoga mi nube negra, esos sentimientos que me hacen morir ayer y mañana, esa forma de vivir que me hace pensar más en ti que en mi.
El gran pájaro que sobrevuela las flores, posando sus garras atronadoras en lirios indefensos, respira fuerte y luce sus colores, me hipnotiza con sus gráciles movimientos. Me abstrae una criatura tan minúscula y esencial, porque su vanidad de pensamientos, su frágil existencia, y su despreocupación por ello mi mente asola. Y mientra yo con mis falanges congeladas, astilladas con cuchillas de hielo. Me quedo enterrado mientras pienso en lo fácil que abría sido volar, escapar a lomos de la imaginación, soñando libre, volando sin rumbo, sin preocupaciones, mas la única filosofía que danzaría por mi mente, seria vivir feliz hasta donde haga falta.
Un soplido entre labios pintados de la sangre de mi silencio con el frío de mi espalda. No solo mi corazón vuela al rozarte, admirarte en besos, suspiros espesos con tu aliento cálido y fuerte, una vida llena de puentes; entre los míos, caídos. Razones de suspiros, vivos, fríos.
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